domingo, 10 de junio de 2012

Comienzo

Y cada día igual...
O a lo mejor, no tanto.
Me despierto, como cada mañana, y abro la ventana, ¿qué día es hoy? ¿Y qué más da? No estás aquí.
¿Qué más da levantarse o quedarse en la cama? ¿Negro o blanco? ¿Vida muerte? ¿Importa algo si no estás?
Miro por la ventana, los pájaros cantan, ¿por qué no puedo ser un pájaro y salir volando a encontrarte?
Vuelvo a la realidad, sigues sin aparecer, bajo las escaleras, y sin querer te busco con la mirada. Está oscuro, no hay nadie, nada, o al menos eso es lo que yo veo. ¡Lo que daría yo por despertarme y que estuvieras a mi lado! O lo contrario, por poder acostarte y decir, "hasta mañana princesa". Solo eso, "hasta mañana"... pero, parece que para este universo en el que vivo, incluso eso, es pedir demasiado.
No dejo de pensar en ti, en ningún momento, bajo ninguna circunstancia, temiendo que si dejo de hacerlo desaparezcas y vuelvas al lugar de donde vienes. No digo cielo, yo no creo en esas cosas, no digo paraíso, porque solo existiría ese paraíso si estoy a tu lado, digo "al lugar de donde vienes" porque sé que de alguna manera, tú no encajas en este mundo sombrío, triste, callado, apagado. Tú eres todo lo contrario princesa, luz, alegría, sol, luna, fuego, vida. Vida, mi vida...

-¡Ya estás embobado otra vez mirando a las musarañas! - Me dice mi madre.

¡Como para no estarlo!
¿Qué harías tú si ves a la estrella más bonita del universo, te dicen que solo tú puedes ver su luz, que está ahí por y para ti, y luego, cada día, te tienen que alejar de ella? ¿Cómo te quedarías? ¿Qué harías?
Lo mínimo que puedo hacer es pensar en ella, en ti, en mi estrella. Y por eso, cada mañana me despierto, por mi estrella, abro la ventana y miro al cielo, esperando, esperando a que aparezca brillando... ¿qué tengo que hacer para estar con ella? Yo solo querría subir al cielo con ella. Con mi estrella.

-Ya voy Mamá-

Y todas las mañanas lo mismo, o a lo mejor no tanto, a lo mejor un día te encuentro aquí. A lo mejor es solo cuestión de seguir esperándote. A lo mejor, si lo deseo con más fuerza, aparecerás una mañana por mi puerta, y me susurrarás al oído "buenos días grandullón". A lo mejor, pero, tan solo es eso, un a lo mejor.
A lo peor, ya no te vuelvo a ver. A lo peor, me olvidas.
Pero, lo tengo bastante asumido, al fin y al cabo, las estrellas, las princesas, las bellas durmientes, son solo cosas inalcanzables para mi. No sería extraño que me olvidases, y, si algún día lo haces, lo aceptaré, pero, prométeme que nunca dejarás de brillar, de ser feliz, de sonreír.
Porque yo me levanto, cada día, en este mundo en el cual yo tampoco encajo, por esa razón. Así que sé feliz mi princesa, y me harás el hombre más feliz.

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