jueves, 19 de julio de 2012

No es una herida

Hoy, me he dado cuenta de una cosa.
Las cicatrices no se curan, eso son las heridas, ¿entonces, qué hacen las cicatrices? Nada. Se quedan, para siempre, para recordarte eso que te pasó, ese algo que querrías olvidar, pero, no puedes. Ahí está, el recuerdo, en tu piel, demasiado real como para borrarse.
Y sin embargo, no quieres que se borre.
No quieres olvidarlo.
No quieres olvidarla.
Pero, aún así te dices que debes ser fuerte, debes afrontarlo, ella no está. Es por tu culpa. Deberías haber estado con ella.
Duele.
Y no hay palabras, ¿qué le vas a decir? ¿Qué lo sientes? ¿Qué la extrañas?
No.
Todo eso no sirve, y sin embargo, no te sale otra cosa. Porque, es la verdad. La echas de menos. Pero, entonces,  aparece alguien.
No se para a preguntarte, ni a mirarte a la cara, simplemente, te abraza, a lo mejor no materialmente, pero, lo sientes, sientes su calor en el aire, y su sonrisa pasa a ser la tuya.
Y tal vez no debamos culparnos a nosotros mismos por todo.
Y tal vez, las  cicatrices sean solo parte de lo que somos.
Y tal vez te eche de menos, pero, ya solo quiero acordarme de lo bueno.
Y tal vez, todos tengamos a nuestro ángel guardián que nos guié cuando nos sintamos solos, tristes, abatidos, ofuscados.
Yo encontré el mío.

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